Cayeron las últimas tormentas de junio y tras ellas, el viento fresco eleva el olor amable de la tierra mojada sobre el bosque de quercíneas alejado de la ribera. Hoy suaves nubes tamizan la luz de la luna que es casi llena. Desde la lejanía comienza a escucharse el aflautado canto del autillo europeo (Otus scops), sin duda la más discreta de las rapaces nocturnas ibéricas. Junto a la potente luz de las farolas que circundan la cada vez menos transitada carretera, se arremolinan polillas y enormes escarabajos, atraídos por la cegadora luminiscencia. Ahora el canto del autillo se va haciendo más potente, quizás porque la noche es más cerrada y decaen los ruidos intrusos de los humanos, o bien porque el autillo se ha aproximado más. Sobre el cable más próximo a la farola se intuye su delicada silueta, que en la arboleda sería casi imposible descubrir. En esto que un enorme escarabajo rinoceronte (Oryctes nasicornis), se golpea contra la farola cegado por su potente luz, quedando panza arriba sobre el desnudo suelo, desprovisto de vegetación. Ahora es cuando el autillo se deja caer en un vuelo silencioso e implacable, para capturar al enorme escarabajo sin aparente esfuerzo. Bendito lance de caza que ocurre ante mis ojos en esta noche insomne.

Texto y Fotografía: Juan Pablo Prieto