Tras la azarosa aventura que supone cada año la crianza, cientos de juveniles de nuestras diferentes especies de aves se apresuran a dar sus primeros vuelos, tras ejercitar sus alas. Los días se van haciendo más cortos a medida que avanza el verano y las especies migradoras deben entrenarse para el duro y largo viaje. Es el fotoperiodo quien precipita su marcha. Además de alimento y ejercicio deben asegurarse la suficiente ingesta del agua, que cada día que avanza se vuelve más escasa. Así, las menguantes charcas en el corazón de las dehesas o «montados«, y las colas de los embalses se convierten en nuevos puntos de reunión, donde la seguridad del grupo protegerá a las aves de sus depredadores. Es el momento de observar las mayores concentraciones pre-migratorias de una de nuestras especies más emblemática y escasa: La cigüeña negra (Ciconia nigra). Junto a ellas aparecerán espátulas, garzas y garcillas, que a su vez competirán por las mejores orillas donde alimentarse. Son momentos delicados para los diferentes individuos, que si no obtienen el peso adecuado les resultará imposible seguir a su bandada y perecerán antes de alcanzar su primer invierno. Es por ello que debemos concienciarnos de la verdadera importancia del agua, un bien cada día más escaso, al que ningún ser vivo podemos ni debemos renunciar.

Texto y Fotografía: Juan Pablo Prieto