Las yemas cerradas de los árboles de hoja caduca van abriéndose poco a poco, dejando que el tímido verde del renuevo vaya asomando. Mientras tanto, algunas especies tempraneras, ya engalanadas con sus mejores plumas, comienzan a entonar melodiosos trinos, contagiando su excitación ante la inminente llegada del periodo reproductor. Los primeros serán los serines verdecillos (Serinus serinus), que ya canturrean en los cercanos parques de los pueblos y ciudades. A su vez están llegando las primeras golondrinas y las cigüeñas «crotorean» desde las atalayas más altas. En los cultivos la tarabilla europea (Saxicola rubicola), reclama entre los cardos más destacados de los linderos, pero es el escribano triguero (Emberiza calandra), quien entona la estrofa más constante y dilatada en los incipientes campos de cereal. Cada vez quedan menos grullas en las dehesas, quizás estén ya en Gallocanta antes de cruzar los Pirineos de camino a sus norteños territorios de cría, desaparecen los milanos reales y pronto llegarán los milanos negros. Este año es seco, muy seco, lo cual parece adelantar la primavera, al menos en cuanto a las temperaturas y a la excitación de la fauna se refiere. Esperemos que tornen los vientos y comiencen a entrar las ansiadas borrascas atlánticas cargadas de lluvia, las cuales, más que otra cosa, traen vida.

Texto y Fotografía: Juan Pablo Prieto