«El viaje ha sido largo y hace más frío de lo que esperaba aquí en el sur, quizás no sea tan fácil encontrar el merecido sustento en la tierra prometida, así que una ayudita no vendría nada mal». Seguro que esto es lo que piensan los numerosos ornitólogos que cada invierno se afanan en ayudar a las pequeñas aves a recuperar sus fuerzas, con comederos artificiales colocados en los jardines y los balcones de sus viviendas. Es un pequeño gesto cada vez más frecuente en el sur, heredado de los aficionados a las aves de las tierras del norte. Pensemos que un pequeño pajarillo de apenas una docena de gramos, para superar un invierno requiere alcanzar los necesarios niveles de grasa que le aíslen del frío y le permitan emprender el camino de vuelta. Ello puede suponer para numerosas especies la diferencia entre la vida y la muerte.

Si queremos ayudarlos solamente necesitamos un pequeño recipiente colocado en un lugar tranquilo y alejado del alcance de los gatos, que pueden ser unos depredadores terribles sin apenas proponérselo, y una mezcla de semillas, trozos de fruta o sebo. Seguro que nuestro comedero en pocos días estará concurrido por numerosas especies como gorriones, carboneros, petirrojos o herrerillos, que nos lo agradecerán sobradamente.

Texto y Fotografía: Juan Pablo Prieto