Las noches se van haciendo cada día más largas y eso permite que la temperatura durante las primeras horas de la mañana, hasta que comienzan a calentar los primeros rayos de sol, sea más baja. A su vez, el agua se condensa en forma de rocío sobre las hojas y ramas más próximas al suelo. La mañana húmeda desprende el olor amable de los hongos. El reclamo del papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), se escucha por doquier proveniente de las ramas bajas de las quercíneas que utiliza como «percha», desde donde se desliza para capturar a los insectos que constituyen su dieta. El papamoscas forma parte de una legión de paseriformes formada por collalbas grises (Oenanthe oenanthe), mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus) o tarabillas norteñas (Saxicola rubetra), que en estos momentos atraviesan nuestros territorios en busca de las tierras más cálidas, más allá del desierto del Sahara, denominadas el Shahel, donde pasarán el invierno con la promesa de regresar en primavera. También se barrunta que pronto las grullas comunes (Grus grus), atravesarán los Pirineos y que los milanos reales (Milvus milvus), patrullarán las áreas desarboladas cual cometas incesantes. Ya ha llegado el otoño, aunque nos encontremos esperando el reverdecer de los campos y el comienzo del frío.

Texto y Fotografía: Juan Pablo Prieto